Emilio La Parra

Manuel Godoy: La aventura del poder

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Pormenorizada biografía de Manuel Godoy, el conocido como valido del rey pelanas borbón Carlos IV. Escrita con el propósito reivindicativo de corregir la tendencia historiográfica que abusaba a la hora de culpar a Godoy de prácticamente todos los males de España y que reducía su figura a la de un simplón trepador que había logrado todo el poder y toda su fortuna gracias a sus artes amatorias con la reina María Luisa de Parma. El autor repasa toda su vida muy de cerca, y dedica más páginas de las que al lector le hubiera gustado a cuestiones de índole personal y moral, con la intención de compensar las maledicencias de que ha sido siempre víctima el protagonista por medio de acusaciones de inmoralidad, de avaricia, de promiscuidad sexual, etc, etc. Al final, se consigue dar una imagen mucho más realista y moderada del personaje, sin por ello convertírnoslo en un héroe ni mucho menos. El odio que el pueblo le tenía era basado en elementos de razón, pero elevado al extremo por la manipulación de la opinión que llevaron a cabo, a 'comandita' los eclesiásticos y la aristocracia con gran efectividad: cuanto más bajo cayera Godoy, más alta se ensalzaría al príncipe de Asturias, Fernando VII, y por tanto la causa de la aristocracia privilegiada. El historiador describe bien los tejemanejes políticos de las distintas camarillas involucradas en decidir el destino de España en un momento tan decisivo en Europa. Lo que se dilucidaba en las altas esferas, a grosso modo, era si la política nacional continuaría  por la senda de la Ilustración, de las ideas revolucionarias venidas de Francia y las cuales arrinconaban más y más a la alta aristocracia y sus adláteres en los confesionarios, en la Inquisición, y en los púlpitos, o si si se retrocedería de ese camino y sería la alta aristocracia la que volvería a copar los mejores puestos en los ministerios y la administración del Estado. El poder era, como siempre, el objetivo de la disputa; y el pueblo español, como siempre, no fue sino el servil, complaciente, manipulable y tonto útil al servicio del poderoso. Los reyes eligieron a Godoy para que lidiara, por ellos, con las facciones rivales, y de esta forma se aseguraban un aliado fiel que no les discutiría nunca las decisiones y que era, además, el único que daría más relevancia a las ambiciones personales de María Luisa que a los intereses de cualesquiera de las facciones políticas rivales. A Carlos IV solo le interesaba poder cazar tranquilo; a María Luisa le interesaban solo los títulos nobiliarios, un reino en Italia y riqueza y honores para su familia. Ni los ilustrados ni la nobleza/clero les aseguraban luchar por estos objetivos. Para ello, pues, recurrieron a Godoy. Su meteórica carrera, sin mérito aparente que lo justificara, fue obra y gracia de los reyes. La aristocracia se sintió dolida por tal preferencia en uno que no era de “los suyos” y utilizó la envidia del pueblo español para lograr que este sirviera perfectamente a sus planes. La aristocracia y los curas [partidos políticos y sindicatos/patronal los unos; medios afines los otros, serían hoy día el equivalente] movilizaron al vil pueblo español una vez más para lograr seguir en el poder. El que se le pusiera el mote de El Deseado a Fernando VII, el rey más vil y canallesco que ha tenido España, no puede hablar peor del pueblo que le dio el trono. Y aun vendrían más tarde quienes gritarían “¡a las caenas!”

 

El libro se hace tedioso en ciertos capítulos, porque el autor, demasiado preocupado en demostrar su punto de vista, se explaya en asuntos que atañen la personalidad, el carácter moral y las circunstancias personales de Godoy a la hora de tomar cada decisión. Por ejemplo, dedica 50 páginas o algo más a relatar los avatares pormenorizados del hombre en el exilio, en su vejez: su preocupaciones financieras y familiares, cuando ya no tenía ningún papel en la historia de España. Además, el afán del autor por limpiar la abusada imagen del personaje le llevan en ciertos momentos a usar expresiones, o al menos un tono, impropio de un historiador, p.e.: “Otras suposiciones […] no dejan de ser una estupidez”. Se involucra el autor en la materia, y le dedica demasiado énfasis y espacio a justificar -por ejemplo en el caso de la cita anterior- el ascenso al poder de Godoy de la manos de María Luisa. La verdad que a mí en particular me da igual si la reina se acostaba o no con su valido, y si el rey era un cornudo pelanas o no lo era. La vida y destino de los españoles estaba en juego. Me parece una puerilidad aldeana dedicarle tanto espacio a comentar estos temas, que si sí, que si no, y con tanto apasionamiento.

 

Godoy, sin ser el demonio avaro y el sátiro sexual que intentaron retratar sus coetáneos, tampoco era ningún dechado de virtudes. En primer lugar se pegó a la voluntad de los reyes, como una extensión más de los cuerpos y mentes de estos. El pueblo español no pintaba nada en sus planes. El método de gobierno le traía sin cuidado, no prefería a los ilustrados ni a los aristócratas, él iba con quien mejor le sirviera a lograr honores y títulos nobiliarios para los reyes y su familia, y para servirse a sí mismo. Por tanto, el Godoy, en mi opinión tras leer el libro, que sale de esta lectura es un simplón servil, sin mala intención, sin mal carácter, complaciente, sin ser demasiado inteligente y en absoluto virtuoso. Los reyes lo utilizaron a él más de lo que él utilizó a los reyes, aunque parece difícil de creer en principio, dado los lujos y tesoros de que hizo acopio a lo largo de su carrera. Pero pocos hubieran dicho que no al ofrecimiento que le hicieron los reyes. En fin, Godoy no era sino un ejemplo típico del español de su tiempo, salido de la pequeña nobleza, sin destacar en nada y el perfecto siervo de su amo. Su fracaso se debe a no haber querido entender el papel que jugaba la nación española, y el poder que tiene cuando se le sabe poner las bridas y manejar en beneficio propio. Godoy despreció ese poder, si alguna vez lo reconoció, y otros se hicieron con las riendas del pueblo lanar. Y este hecho particular habla del personaje mucho más claro de lo que puedan hacerlo cientos de páginas dedicadas a su vida.


"Es cierto que el Romano es libre de hacer todo lo que quiera. Pero también lo es que tiene que soportar las consecuencias de sus actos. No importa que se haya equivocado, que le hayan engañado o incluso forzado: un hombre no se deja forzar: etiamsi coactus, attamen voluit. Es libre; pero si distraído, imprudente o atontado, prometió pagar una determinada cantidad y no puede pagarla, se convierte en esclavo de su acreedor."

Rudolph von Ihering

“Slavery, protection, and monopoly find defenders, not only in those who profit by them, but in those who suffer by them.”

Frédéric Bastiat

On the true nature of the Castro Revolution in Cuba: "The revolution was a cover for committing atrocities without the slightest vestige of guilt ... we were young and irresponsible. We were pirates. We formed our own caste ... we belonged to and believed in nothing -no religion, no flag, no morality or principle. It's fortunate we didn't win, because if we had, we would have drowned the continent in barbarism."

Jorge Masetti -In the Pirate's Den

La anarquía, es decir, la ausencia de fuerza estatal, no es una forma de Estado, y cualquiera que acabe con ella por el medio que sea, el usurpador nacional o el conquistador extranjero, rinde un servicio a la sociedad. Es un salvador, un bienhechor, porque la forma más insoportable de Estado es la ausencia de Estado.


Rudolph von Ihering

"El envidioso está afligido no solo por sus males propios, sino por los bienes de los demás."  -Hipias

[la norma de conducta de los progres] "No hacer nada que alguien pueda envidiarme." -Hipasos

NINOTCHKA,

O EL DISCRETO DESENCANTO CON EL SOCIALISMO 

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Seguimos a la espera de la reedición de este importante libro del gran escritor español José Pla

Historia de la Segunda República.

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También a la espera de este importante libro del genial Rafael Abella.

Finales de enero, 1939, Barcelona cambia de piel

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