John H. Elliott

El conde-duque de Olivares

john-elliott.jpg  1ª edición 1986. Edición actual de bolsillo, editorial Crítica 2010

Duele pensar lo extendido que está por el cuerpo de los hispanos el feo rasgo de servilismo, que hasta en un personaje todopoderoso en su tiempo como Olivares, el factotum de Felipe IV, se hacía tan evidente. Elliott lo define como “extraña mezcla de autodegradación servil y satisfacción de sí mismo”. Su excelencia el conde-duque llegó a besar el orinal de su majestad en demostración inapelable de sumisión. El libro es un enorme tapiz que describe pormenorizadamente el estado de la monarquía durante el reinado de Felipe IV. Un pueblo castellano que trabajaba por la monarquía, unos hidalgos y nobles que robaban por la monarquía, no se hacía nada si no era por la monarquía... ¿Y los catalanes? Bueno, sustitúyase la palabra monarquía por la frase 'privilegios de la nobleza catalana' y todo sigue siendo lo mismo a efectos del campesino o contribuyente, términos sinónimos. En un caso es una Corte, la de Madrid, en el otro es una oligarquía privilegiada a través de sus constituciones, Barcelona. Olivares, tarde, intentó saltarse a la torera esas constituciones, pero los nobles catalanes -siempre de la mano del clero celoso, ambos tenían muchos privilegios que perder- estaban prestos a enardecer al pueblo hambriento contra los cabezas de turco de turno, es decir, de Madrid. No había ya judíos a quienes culpar en esta ocasión. ¿Y los portugueses? Tres cuartos de lo mismo. ¿Y los vascos? Lo miiiismo. Todo se reduce a los privilegios de los nobles que han dado en llamar fueros, el pueblo no pintaba nada, salvo a la hora de pagar a unos u otros (en esto seguimos igual). Las riquezas que en España se pudieran obtener estaban bien, tanto para los nobles catalanes y aragoneses como para los catellanos; ahora, las cargas nadie las quería. Solo a Castilla le tocaba soportarlas.

 

Se queda uno boquiabierto viendo, leyendo, la cantidad de millones de ducados que año tras año se gastaba la Corona en guerras y proyectos imperiales, en gastos suntuosos, y no se sabe lo que se ha robado, porque la corrupción era omnipresente pero no hay contabilidad de ella. Y sin embargo, aun así, descontada la corrupción de las masas de funcionarios de la administración, sueldos y prebendas sin fin, descontado todo, es increíble que llegaran tantos dineros a los cofres de la Corona. ¡Y que no se hayan gastado un céntimo en tantos años en mejorar los caminos, los transportes! Por poner un ejemplo. Nada. No se hizo nada más que tirar el dinero, el mucho dinero que apoquinó América, los mercaderes sevillanos, y la masa campesina castellana (y eso incluye a los gallegos). Leer este libro es ser testigo de la decrepitud de este mastodonte español, necesitado del dinero tanto como un drogadicto de la heroína para mantener su inmensa y estéril burocracia nobiliaria.

 

Hay muchas pequeñas joyas de interés histórico para el lector, llenas de ironía, como la de ver a los gobernantes llamar a los extranjero de Flandes para instalar la industria de cañones de guerra en un remoto pueblo del Cantábrico, a falta de emprendedores en España; la de ver cómo se acudía a los judíos portugueses para sustituir a los asentistas genoveses, a pesar de ser “herejes” y “enemigos de la verdadera religión católica”. Hay muchos acontecimientos reveladores en esta historia, y el autor -sin ser exactamente un gran divulgador- sí los recoge y apunta la ironía de cada caso de forma sencilla, sin adornos pedantes.

 

Finalmente, hay que lamentar que en 1640 no hubiera España aprovechado la traición catalana, cuando ésta se alió con Francia contra España, para deshacerse en buenahora de Cataluña, tierra de chantajistas y peseteros a quienes España ha tenido que conceder siempre privilegios -como a los vascos- para que no se ofendiera su orgullo (es decir, su bolsillo), a costa de que fueran ellos, y no las demás regiones, los que vieran florecer la industria en su tierra, la burguesía, el progreso en fin. Su riqueza, no lo olvidemos, ha sido nuestra pobreza, pues ha sido a nuestra costa. Los privilegios los han disfrutado ellos, inveterados traidores y chantajistas, vascos y catalanes, no nosotros. Tal como se ha atrevido a decir ya alguno certeramente, el error fue el no haber dejado irse a Cataluña, y habernos -si acaso- quedado con Portugal, pero: los miembros de la llamada Junta Grande, el organismo que al parecer asumió todas las responsabilidades de los asuntos de Cataluña y Portugal, acordaron … el orden de prioridades, y que Cataluña debía ir por delante de lo de Portugal.” ¡Cómo podría haber cambiado la situación de España desde aquel maldito año. ¡Cuánto mejor no estaríamos hoy los gallegos, canarios, andaluces, castellanos... todos, sin ellos!. Y seguimos sin aprender que las meretrices no necesitan amor, solo quieren dinero. Me temo que no nos dejarán nunca, que son como la juventud de hoy: no se quieren emancipar de los papis que les lavan la ropa y que siempre están ahí, “por si les hace falta dinero”.

 

El libro es fácil de leer, quizás un tanto prolijo (seamos sinceros: de 700+ páginas, unas 100 o 200 se podían ahorrar), irónicamente el tamaño del libro es muy propio del carácter y personalidad del biografiado. En fin, un libro muy recomendable para enteder cómo éramos, qué clases de hombres teníamos y seguimos teniendo, qué males nos aquejaban, y siguen aquejando, qué pobres éramos y qué ricos nos hacíamos, igual que hoy.


"Es cierto que el Romano es libre de hacer todo lo que quiera. Pero también lo es que tiene que soportar las consecuencias de sus actos. No importa que se haya equivocado, que le hayan engañado o incluso forzado: un hombre no se deja forzar: etiamsi coactus, attamen voluit. Es libre; pero si distraído, imprudente o atontado, prometió pagar una determinada cantidad y no puede pagarla, se convierte en esclavo de su acreedor."

Rudolph von Ihering

“Slavery, protection, and monopoly find defenders, not only in those who profit by them, but in those who suffer by them.”

Frédéric Bastiat

On the true nature of the Castro Revolution in Cuba: "The revolution was a cover for committing atrocities without the slightest vestige of guilt ... we were young and irresponsible. We were pirates. We formed our own caste ... we belonged to and believed in nothing -no religion, no flag, no morality or principle. It's fortunate we didn't win, because if we had, we would have drowned the continent in barbarism."

Jorge Masetti -In the Pirate's Den

La anarquía, es decir, la ausencia de fuerza estatal, no es una forma de Estado, y cualquiera que acabe con ella por el medio que sea, el usurpador nacional o el conquistador extranjero, rinde un servicio a la sociedad. Es un salvador, un bienhechor, porque la forma más insoportable de Estado es la ausencia de Estado.


Rudolph von Ihering

"El envidioso está afligido no solo por sus males propios, sino por los bienes de los demás."  -Hipias

[la norma de conducta de los progres] "No hacer nada que alguien pueda envidiarme." -Hipasos

NINOTCHKA,

O EL DISCRETO DESENCANTO CON EL SOCIALISMO 

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Seguimos a la espera de la reedición de este importante libro del gran escritor español José Pla

Historia de la Segunda República.

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También a la espera de este importante libro del genial Rafael Abella.

Finales de enero, 1939, Barcelona cambia de piel

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