José María Marco

Maura, La política pura

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Ágil, entretenida, viva e implicada exposición de la vida de uno de los españoles más grandes del siglo XX, el mallorquín Antonio Maura. Con decir simplemente que la izquierda le hizo víctima de su primer gran lema, de todos los que calarían hasta la fecha de hoy, con aquel: “¡Maura, no!”, ya debería hacerle acreedor, sino a nuestra simpatía sin reservas, sí a nuestra positiva curiosidad. Aquel lejano lema socialista, en tan solo dos palabras, ya dejaba meridianamente claro qué tipo de personas estaban detrás. Personas que carecían de razón ni de razones: Maura, no. Simplemente porque “nosotros” lo decimos (se deduce que no se necesitan razones cuando quienes proclaman algo son la izquierda). En el lema falta de todo, no solo razones; no hay explicaciones ni concesiones. Las proclamas socialistas son absolutas. Como la del No A La Guerra. ¿A qué guerra, a todas ellas, a las que hacen las derechas? Nunca hay explicación. Las masas ignorantes están mejor sin ellas. A la gente pobre, oprimida, cabreada, con 2 palabras basta, piensa la izquierda. Se deduce de tal forma de pensar que las personas pobres, oprimidas, cabreadas, son también, necesariamente, ignorantes y estúpidas. Lo cual ha sido, es, y siempre será falso: la prueba es que el socialismo es cosa de ricos y de fanáticos, y ambos grupos carentes de escrúpulos. La mayoría de la gente, los demás, estamos demasiado ocupados trabajando para mantenerlos a ellos.

 

Maura sufrió varios atentados, saliendo vivo de todos ellos, milagrosamente. Fue la víctima del líder socialista Pablo Iglesias. Éste lo amenazó un día durante un discurso en el congreso, y a los pocos días ocurrió el atentado. Hoy Pablo Iglesias es homenajeado: su nombre expuesto en calles y plazas de toda España. ¡Un asesino, un fanático! La vida de Antonio Maura, un hombre cabal, valiente, íntegro, inteligente, tolerante, es la historia de la España moderna que pudo haber sido y que no fue. Nos habríamos ahorrado, quizás, un siglo de tragedias, de miserias: la II República, la Guerra Civil, el franquismo, todo ello se hubiera quizás ahorrado de haber escuchado el pueblo a don Antonio Maura. La España que sí fue, la que salió adelante, fue la de sus asesinos e invocadores, la de los violentos. Desde los cobardes y viles como Pablo Iglesias, que escondidos detrás de las pistolas, en sus púlpitos laicos, de la demagogia y de los odios, incitaban a la violencia y al caos social, hasta los asesinos crueles, los desalmados, los criminales y pistoleros, los parásitos y mercenarios, todos al servicio de los políticos de izquierdas. Todos ellos traerían la guerra, pocos años después. Y es que el mal árbol no puede dar buenos frutos.

 

El libro se hace corto, muy corto. El lector que no esté algo puesto en la historia de finales del XIX y comienzos del XX apreciará la histortia a pinceladas, impresiones, a costa de perder en profundidad, en detalle. Pero la impresión global sirve, al menos como manera de adentrarse en aquel tiempo, en lo que España se estaba jugando en lo que al papel de Maura se refiere. Y la viveza de la narración, la implicación del historiador, que tanto se agradece, hace al libro ameno, siempre interesante, aunque complejo. Y a aquellos que siempre critican la falta de imparcialidad de algún libro de historia les diré, ¿acaso tú eres imparcial, so mendrugo? ¿hay alguien imparcial? ¡Que tire la primera piedra! No se puede ser igual de imparcial con quien pulsa el gatillo como con quien recibe la bala. Y no hay historiadores imparciales. No los hay. Solo hay historiadores buenos y los que aburren a los muertos. Yo me quedo con los historiadores buenos. Y que los muertos lean a sus muertos.


"Es cierto que el Romano es libre de hacer todo lo que quiera. Pero también lo es que tiene que soportar las consecuencias de sus actos. No importa que se haya equivocado, que le hayan engañado o incluso forzado: un hombre no se deja forzar: etiamsi coactus, attamen voluit. Es libre; pero si distraído, imprudente o atontado, prometió pagar una determinada cantidad y no puede pagarla, se convierte en esclavo de su acreedor."

Rudolph von Ihering

“Slavery, protection, and monopoly find defenders, not only in those who profit by them, but in those who suffer by them.”

Frédéric Bastiat

On the true nature of the Castro Revolution in Cuba: "The revolution was a cover for committing atrocities without the slightest vestige of guilt ... we were young and irresponsible. We were pirates. We formed our own caste ... we belonged to and believed in nothing -no religion, no flag, no morality or principle. It's fortunate we didn't win, because if we had, we would have drowned the continent in barbarism."

Jorge Masetti -In the Pirate's Den

La anarquía, es decir, la ausencia de fuerza estatal, no es una forma de Estado, y cualquiera que acabe con ella por el medio que sea, el usurpador nacional o el conquistador extranjero, rinde un servicio a la sociedad. Es un salvador, un bienhechor, porque la forma más insoportable de Estado es la ausencia de Estado.


Rudolph von Ihering

"El envidioso está afligido no solo por sus males propios, sino por los bienes de los demás."  -Hipias

[la norma de conducta de los progres] "No hacer nada que alguien pueda envidiarme." -Hipasos

NINOTCHKA,

O EL DISCRETO DESENCANTO CON EL SOCIALISMO 

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Seguimos a la espera de la reedición de este importante libro del gran escritor español José Pla

Historia de la Segunda República.

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También a la espera de este importante libro del genial Rafael Abella.

Finales de enero, 1939, Barcelona cambia de piel

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