Juan Ramón Rallo

Una revolución liberal para España

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El gran mérito que hay que alabar de este libro es que sus páginas están llenas de ejemplos reales de cómo funcionan distintos aspectos de la sociedad en el mundo sin la “ayuda” del gobierno de turno, sin la burocracia oficial de unos señores que alegan conocer lo que es mejor para nosotros. El movimiento se demuestra andando, y la viabilidad de la propuesta liberal para España no es ninguna utopía. Leyendo este libro adquirirá el lector la seguridad de que ya no se puede decir más tiempo que es de noche cuando el sol brilla en lo alto, porque este libro nos hace abrir los ojos y ver la realidad. Nos hace enfrentarnos a nuestros prejuicios adquiridos hace tiempo e inculcados por políticos paternalistas que han robado nuestra libertad y nuestra voluntad. Creemos a los políticos “buenistas” como cree el niño de teta a su papá y mamá. Pues bien, déjese abrir los ojos. Aquí tendrá realidades, datos que hablan por sí solos, y no hallará filosofía ni demagogia. Si España tiene esperanza es porque hay gente que leerá este libro y porque estamos tan mal, el mal llamado Estado del Bienestar es tal fraude que los mismos ciegos empiezan a verlo.

Actualmente España tiene 3 millones de empleados públicos (y casi 3 millones de parados). Un Estado mínimo, que es lo que propone este libro, debería dejarlo reducido a 400.000. Como bien dice su autor, “la justificación de la existencia de un empleo público nunca puede ser la de ofrecerle una ocupación al trabajador: el empleo público solo debería justificarse por el valor que es capaz de generar para los ciudadanos y no por el valor que es capaz de extraer de los ciudadanos.”

Es revelador y alucinante que en España todavía se piense con el corazón cuando se tratan temas tan importantes como la economía, la educación o la sanidad de un país, y que la gente se crea los postulados oficiales como si fueran dogma de fe. Si usáramos la razón no habría tanto miedo a reclamar el desmantelamiento del mal llamado Estado del Bienestar, puesto que antes de su nacimiento, tras la 2ª Guerra Mundial, tampoco es que estuviéramos los ciudadanos totalmente indefensos y desprotegidos. Al contrario, el libro muestra cómo existían desde Sociedades de Ayuda o Mutuas, organizaciones de diverso tipo que se encargaban de hacer lo que ahora hacen, y mal, las burocracias modernas. A veces parece que pensamos que antes del Estado del Bienestar la vida no era posible, o estuviera tan llena de miseria y pobreza que poco la diferenciaría del hombre de las cavernas. Esta imagen es la que la propaganda interesada de políticos y demás demagogos han conseguido implantar en las mentes de la mayoría de ciudadanos actuales. La frase del diputado británico Lord Douglas Jay, uno de los intelectuales que inspiró el sistema de salud público inglés, lo pone en evidencia, “En general no se puede confiar en que las amas de casa adquieran los productos adecuados en materia de sanidad y nutrición […] al igual que en educación, los parlamentarios saben mejor lo que le conviene a la gente que la propia gente en sí misma.” Que semejante arrogancia siga a fecha de hoy siendo premiada con la adhesión de millones de ciudadanos a dicha política habla a las claras del estado borreguil de la población.

Otra cita digna del panteón de citas ignominiosas es del historiador, defensor del Estado de Bienestar, crítico de las sociedades de ayuda mutua, William Harbutt Dawson, quien llegó a confesar que Bismarck, el creador del primer sistema de Estado del Bienestar, personalmente le había dicho que justificaba la imposición del Estado sobre la asistencia social privada con las siguientes palabras: “[Mi propósito] es engañar a las clases trabajadoras o, si lo prefieres, persuadirlas de que el Estado es una institución social que existe para preocuparse por sus intereses y por su bienestar.”

“Se ha incentivado a una porción importante de la población a que no se aleje de esos umbrales de renta que lo califican a uno como pobre”. Esta cita tan cierta me recordó a la película de Clint Eastwood Million Dollar Baby, pero muchos de nosotros debemos tener constancia directa de que hay casos así.

El sabor que deja el libro es agridulce. Por un lado uno se inclina a pensar como el autor, que todavía hay esperanza, que podemos enderezar el rumbo de nuestra sociedad, que llevará tiempo, que la transición no será un camino de rosas... que la sociedad puede retomar las riendas de su destino, ese destino que cedió en manos de burócratas y vendedores de crecepelo. Pero es necesario que la gente haga uso de su razón, y que sean muchos los que quieran ver la verdad. Pero todavía hay mucho ciego que no quiere ver, muchos a los que les va bien tal como está todo montado, y hay muchos fanáticos que viven en sueños de ideologías, gente enferma de la cabeza, en cierto sentido. El autor nos pone delante de los ojos las soluciones, que no utopías, soluciones que ya se han implantado en distintos lugares del planeta y que afectan a distintos ámbitos sociales. El conocimiento lo tenemos, ya no hay excusa para seguir diciendo la misma cantinela de siempre, que hay que salvar a la educación pública, a la sanidad pública, a cualquier cosa pública. No, lo que hay que salvar es a la gente. Da igual que el gato sea blanco que negro. ¿Caza ratones?

Un pensamiento final que me plantea el libro es el pronóstico de que en España habrá en 2050 1 persona mayor de 65 años por cada 1,5 entre 15 y 65 años. Dicho así, fríamente, con números, parece que no tuviera importancia, un simple -aunque lúgubre- dato más. Pero bien pensado, el cambio con respecto a la España de hoy, y más aún con respecto a la España de hace 20 años, tiene que ser tan grande en todos los aspectos de la vida a lo largo y ancho de esta piel de toro ibérica, que realmente es legítimo preguntarse si Esto podrá seguir llamándose España, o incluso, si esto será realmente un país, una sociedad viva, o quizás más bien será una residencia de ancianos con horarios y régimen de actividades estrictamente delimitados.


"Es cierto que el Romano es libre de hacer todo lo que quiera. Pero también lo es que tiene que soportar las consecuencias de sus actos. No importa que se haya equivocado, que le hayan engañado o incluso forzado: un hombre no se deja forzar: etiamsi coactus, attamen voluit. Es libre; pero si distraído, imprudente o atontado, prometió pagar una determinada cantidad y no puede pagarla, se convierte en esclavo de su acreedor."

Rudolph von Ihering

“Slavery, protection, and monopoly find defenders, not only in those who profit by them, but in those who suffer by them.”

Frédéric Bastiat

On the true nature of the Castro Revolution in Cuba: "The revolution was a cover for committing atrocities without the slightest vestige of guilt ... we were young and irresponsible. We were pirates. We formed our own caste ... we belonged to and believed in nothing -no religion, no flag, no morality or principle. It's fortunate we didn't win, because if we had, we would have drowned the continent in barbarism."

Jorge Masetti -In the Pirate's Den

La anarquía, es decir, la ausencia de fuerza estatal, no es una forma de Estado, y cualquiera que acabe con ella por el medio que sea, el usurpador nacional o el conquistador extranjero, rinde un servicio a la sociedad. Es un salvador, un bienhechor, porque la forma más insoportable de Estado es la ausencia de Estado.


Rudolph von Ihering

"El envidioso está afligido no solo por sus males propios, sino por los bienes de los demás."  -Hipias

[la norma de conducta de los progres] "No hacer nada que alguien pueda envidiarme." -Hipasos

NINOTCHKA,

O EL DISCRETO DESENCANTO CON EL SOCIALISMO 

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Seguimos a la espera de la reedición de este importante libro del gran escritor español José Pla

Historia de la Segunda República.

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También a la espera de este importante libro del genial Rafael Abella.

Finales de enero, 1939, Barcelona cambia de piel

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