Thomas Sowell

Economía básica

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Este libro desmonta todas las falacias e ideas preconcebidas que tiene la gente común sobre la economía. Las explica con tal sencillez y claridad que parece hasta ridículo que semejantes ideas tengan validez hoy por hoy en países modernos como los de occidente. Aun siendo un libro sobre economía en general se hace muy ameno y entretenido porque afecta a todos los ámbitos de la sociedad. Y solo hace falta, para entenderlo, una cosa, sentido común: diría que es más un libro sobre la sociedad moderna occiental y nuestro modo de vida. El autor consigue que el lector vea su propia vida en sociedad -como si dijéramos- desde la distancia, desde fuera. El libro abarca todas las facetas y nociones de la economía, desde los precios, las empresas, la productividad, el mercado, el ahorro, hasta el mercado internacional, etc, etc. Nos hace un repaso de todos aquellos términos que creemos saber lo que significan pero que, sin embargo, en muchos casos solo hemos malaprendido a través de portavoces politizados en los medios de comunicación. El libro es extenso, pero se hace necesario, porque el repaso es total y absoluto. Su lectura será como un bautismo de fuego para aquellos lectores imbuidos de la ideología de clases y todas las personas que han aprendido economía a través de los shows de la televisión progre. El poder vence al conocimiento, dice Sowell, y dice bien.

 

Hablando de la tele tonta, dios de los hoy-progres-ayer-católicos, Sowell nos dice: “No hay nada más fácil para la prensa o los políticos que presentar historias de 'interés humano' sobre alguien cuya familia se había dedicado a la agricultura durante generaciones y que ahora se había visto obligado a dejar el estilo de vida que conocía y amaba a causa de las impersonales fuerzas económicas del mercado … siempre existirá la tentación de tratar de 'solucionar' el problema … sin considerar las repercusiones para otras personas en otros lugares [y] Los trabajadores también fueron desplazados de la agricultura a medida que los métodos de cultivo se volvieron más eficientes.” No puedo dejar de pensar en las reuniones de los mineros de UGT y CCOO cada año en su suigéneris misa roja anual en Asturias, con brazo fascista [Mussolini era socialista] en alto, invocando a su dios rojo. Vaya cónclave! Parece que dijeran todos, 'oh dios!, danos poder y aparta de nosotros el conocimiento. No queremos saber, queremos poder, oh dios de los resentidos y envidiosos!

 

Falacias en torno a sindicatos y a las leyes de salarios mínimos

Los sindicatos también se benefician de las leyes de salario mínimo, y suelen ser sus defensores más activos, a pesar de que sus propios miembros ganan mucho más que el salario mínimo. Esto tiene una explicación … los trabajadres sindicados con experiencia compiten por puestos de trabajo con trabajadores jóvenes, sin experiencia y menos cualificados, cuyo sueldo probablemente estará aproximadamente al nivel del salario mínimo. Cuanto más suba el salario mínimo, más posibilidades hay de que los trabajadores sin cualificaciones ni experiencia sean desplazados por trabajadores sindicados, que están bien cualificados y que tengan experiencia … utilizan las leyes de salario mínimo a modo de aranceles para subir el precio del trabajo no sindicado que compite con sus miembros por puestos de trabajo.”

 

Políticas cortoplacistas

El horizonte temporal en la política tiende a ser mucho más corto que el horizonte temporal en la economía … No existe un factor de 'valor actual' que obligue a los políticos a tomar decisiones en las que se tengan en cuenta las posibles consecuencias a largo plazo.” Al final no somos tan diferentes de los perros: hay que reñirles inmediatamente cuando hacen algo mal, no después, porque no sabrían por qué se les riñe.

 

Falacia típica de la propaganda de la izquierda, reveladora de su mentalidad retrógrada y envidiosa, es la del pensamiento de suma cero:

Las discusiones sobre las participaciones relativas a la riqueza de los diferentes grupos sociales son por lo general ilustradas con gráficos de pastel, que muestran quiénes se llevan qué partes del ingreso nacional. Pero el bienestar económico real de todos estos grupos -su ingreso per cápita real- depende en mucha mayor medida del tamaño del pastel que de la parte del mismo que corresponda a cada uno.” Es decir, que no se puede distribuir lo que no se ha creado y que no es solo la parte del pastel lo que importa sino el tamaño del pastel que también hay que tener en cuenta. Pero la demagogia de la izquierda hipocritona oculta esta realidad. Y es que, como bien dice el señor Sowell, “la riqueza es la única cosa que puede prevenir la pobreza y el crecimiento de la riqueza ha reducido la pobreza mucho más decisivamente que los cambios en la distribución del ingreso.” Está claro quienes son las víctimas del proselitismo socialista: el pueblo llano, las clases bajas urbanas, hurgando en la envidia latente que su situación social y económica les suscita; y su modus operandi: avivando las pasiones más bajas, el resentimiento económico-social de “pobres” hacia “ricos”, de las mujeres contra los hombres, de los homosexuales contra los que piensan que la homosexualidad es una enfermedad o una perversión, en fin de una parte de la sociedad contra otra, siempre echando más gasolina al fuego; la gasolina es en estos casos la descalificación repetiviva que cala a través de los medios con términos como machistas, fachas, homófobos, fascistas, fanáticos... cualquiera que no encaje en la ideología progre está abocado a ser apuntado con el dedo acusador. El mundo al revés. Esa es la religión socialista, antes llamada católica, en España.

 

Falacia sobre la presente crisis

Cuando las instituciones financieras comenzaron a sufrir grandes pérdidas en 2007 y 2008 en préstamos de alto riesgo, subprime, -Citygroup perdió más e 40.000 millones de dólares- en raras ocasiones se le echó la culpa a los políticos por haber obligado a estas instituciones a prestar dinero a personas cuya solvencia crediticia estaba por debajo de lo aceptable. Al contrario, fueron los mismo políticos que habían liderado la presión sobre los prestamistas para que aceptaran los riesgos, los primeros en crear 'soluciones' a las crisis resultantes.”

 

Sowell usa multitud de ejemplos sacados de la historia moderna para ilustrar aquellos conceptos económicos que deberían ser entendidos por todo el mundo y que -a diferencia de lo que los académicos y burócratas de las cortes autonómicas españolas quieren hacernos creer- pueden ser comprendidos por la mayoria de la gente en términos de simple sentido común. Las explicaciones que brinda el ejemplo de la Gran Depresión de los 30 son una gran oportunidad para darnos cuenta de lo perniciosa que pueden ser las intervenciones políticas cuando son arrastradas por la demogogia populista a la hora de intentar resolver cuestiones económicas. Otro ejemplo utilizado a modo de ilustración y que llama la atención es el de la construcción del Túnel del Canal de la Mancha: “como sucedió con el Concorde supersónico, ahora se les está pidiendo a los contribuyentes que rescaten otro fiasco anglo-francés.” Hay tantos ejemplos de política demagógica disfrazada de economía que realmente le crean un mal nombre a la verdadera economía y a la idea de mercado.

 

La falacia de los salarios altos que no pueden competir con los salarios bajos de la India o de China.

Salarios más altos por unidad de tiempo no son lo mismo que costes más altos por unidad de producción y, evidentemente, los costes de mano de obra no son los únicos costes … la productividad de la mano de obra en los sectores modernos de la India es del 15% respecto a la productividad de la mano de obra en Estados Unidos. En otras palabras, si se contrata a un trabajador promedio hindú y se le paga la quinta parte de lo que se le pagaría a un trabajador promedio de Estados Unidos, resultaría más costoso completar la misma cantidad de trabajo en la India que en Estados Unidos”. Y “los costes de mano de obra son solo una parte de la historia. Los costes de capital y administración son una parte considerable del coste de muchos productos.” Por eso Estados Unidos envía hombres al espacio mientras que España los envía a la emigración. “Un país próspero normalmente tiene capital abundante”, en cambio en España no tenemos capital pero tenemos capitales: Madrid, Barcelona, Zaragoza, Mallorca, Sevilla, Santiago... una por cada mini estado autonómico.

 

El libro, sin dejar de centrarse en economía, apunta siempre hacia escenarios políticos claros, puesto que la economía no es sino una faceta de la vida en sociedad, en la polis. Por ello se hace una y otra vez evidente la fragilidad de nuestras democracias occidentales, esa ambivalencia congénita de la democracia por la que, por un lado, sirve de caldo de cultivo ideal para los demagogos, mientras que por otro, la libertad en la que se fundamente permite, poco a poco, elevar el nivel de educación de las clases más bajas y susceptibles de ser usadas por los tele-predicadores de la izquierda, políticos, sindicalistas y artistas millonarios para minar la democracia desde dentro. La democracia es una labor peligrosa, como la vida de un funambulista. La libertad es el hilo por el que camina. Los demagogos socialistas, que buscan a sus prosélitos entre los paletos de barrio con capucha y zapatillas Nike y los victimistas por cualquier motivo, conocen bien a sus feligreses. Utilizan la libertad para destruir a la democracia desde dentro. Saben que a mayor democracia y libertad, mayor será el nivel cultural de sus potenciales prosélitos, e inversamente proporcional sus probabilidades de hallar mentes moldeables entre los resentidos y envidiosos de cada sociedad. Por eso se hace tan urgente el aumentar el nivel de educación, el civismo y educar en valores, además de llevar la democracia a todas las facetas de la vida social, empezando por implementar las primarias en los partidos políticos, por ejemplo. Pero más que nada se hace necesario una veradera separación de poderes: llevar la democracia a la cúspide del poder para que sea posible una regeneración desde arriba que limpie de corrupción el Estado y dé ejemplo. Regálele a su hijo este libro en cuanto aprenda a leer, por favor, que enseguida vienen los del sindicato de estudiantes a lavarle el cerebro.. Ay, cuantos pesares nos ahorraríamos todos si leyéramos y si quisiéramos pensar por nosotros mismos, en vez de delegar el pensar en otros que tan preocupados se muestran por nuestro bien.

"Es cierto que el Romano es libre de hacer todo lo que quiera. Pero también lo es que tiene que soportar las consecuencias de sus actos. No importa que se haya equivocado, que le hayan engañado o incluso forzado: un hombre no se deja forzar: etiamsi coactus, attamen voluit. Es libre; pero si distraído, imprudente o atontado, prometió pagar una determinada cantidad y no puede pagarla, se convierte en esclavo de su acreedor."

Rudolph von Ihering

“Slavery, protection, and monopoly find defenders, not only in those who profit by them, but in those who suffer by them.”

Frédéric Bastiat

On the true nature of the Castro Revolution in Cuba: "The revolution was a cover for committing atrocities without the slightest vestige of guilt ... we were young and irresponsible. We were pirates. We formed our own caste ... we belonged to and believed in nothing -no religion, no flag, no morality or principle. It's fortunate we didn't win, because if we had, we would have drowned the continent in barbarism."

Jorge Masetti -In the Pirate's Den

La anarquía, es decir, la ausencia de fuerza estatal, no es una forma de Estado, y cualquiera que acabe con ella por el medio que sea, el usurpador nacional o el conquistador extranjero, rinde un servicio a la sociedad. Es un salvador, un bienhechor, porque la forma más insoportable de Estado es la ausencia de Estado.


Rudolph von Ihering

"El envidioso está afligido no solo por sus males propios, sino por los bienes de los demás."  -Hipias

[la norma de conducta de los progres] "No hacer nada que alguien pueda envidiarme." -Hipasos

NINOTCHKA,

O EL DISCRETO DESENCANTO CON EL SOCIALISMO 

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Seguimos a la espera de la reedición de este importante libro del gran escritor español José Pla

Historia de la Segunda República.

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También a la espera de este importante libro del genial Rafael Abella.

Finales de enero, 1939, Barcelona cambia de piel

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