César Vidal

No vine para quedarme · Memorias de un disidente

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Quien no conozca a César Vidal salvo por sus populares novelas, o quizás por alguna de sus muchas obras de historia y de divulgación, puede no sentir toda la tentación que debiera para salir a comprar este último -seguro que no por mucho tiempo- libro suyo. Estas son sus memorias. ¿Y por qué habría alguien de leerlas? Quien no conozca a César vidal, repito, podrá adentrarse en esta nueva lectura con la seguridad de que pasará un gran rato leyendo, conociendo anécdotas muy provechosas que probablemente le servirán en algún momento de su vida para emitir un juicio sobre alguien o algo, o para repensar aquello que tenía asumido era de un color y en realidad es de otro distinto, y para aprender, ciertamente, porque Aprender, es lo que uno más consigue cuando lee a César Vidal. Se aprende de historia y se aprende, ahora, a través de su vida. Porque, como podréis leer, su vida ha sido una constante búsqueda del saber y de la verdad. Y son cosas que por tanto nos servirán para nuestras propias vidas, para nuestra manera de pensar y de ver la gente y el mundo a nuestro alrededor. Esa gente y esos alrededores, centrándonos en la obra presente, son los de España, Madrid, más concretamente, pero España por extensión. Las memorias abarcan desde su nacimiento en 1958 hasta el presente, es decir, 2013. Nos encontramos por tanto viviendo con el autor las postrimerías del régimen de Franco, la Transición y la Coña dedocrática que vivimos actualmente. Habrá de saber el lector potencial que Vidal es periodista radiofónico, pero sobre todo es historiador, abogado y muchas otras cosas que no nos interesan tanto. Eso no lo hace muy peculiar que digamos, pero súmele usted que no es de izquierdas, no es políticamente correcto, no es un abrazafarolas -como diría el gran García- ni un miembro de ningún partido. Que no se vende, vamos. Que no le debe nada a nadie. Que no se casa con nadie. César es independiente como pocos, si hay alguno en España. Súmele que no es agnóstico ni ateo, tampoco católico: ya no podrá meterse con él por eso; y tampoco es de esos muy espirituales que practican la gimnasia de vagos, es decir, yoga; no, nuestro autor es protestante. No, protestón no, Protestante, como esos de Alemania y de Inglaterra, esos de los países fríos donde no bailan jotas ni sardanas ni muñeiras... esos. Un protestante, y español, y con micrófono y millares de lectores... eso es un peligro sin lugar a dudas para la élite mediática. En efecto: un peligro para los que mandan en España, y para toda la clase lacayesca que les lame las botas. Pero pasen y vean los demás, los desposeídos, los humildes de corazón, porque de estos y no de los otros será el Reinio de los Cielos.

Le van a encantar estas memorias porque va a ver desfilar por sus páginas a tantos tipos comunes que habrá conocido sin duda usted mismo a lo largo de su vida, y tipos singulares también, pero los verá con la perspectiva de un hombre heterodoxo y que no ha querido, y ahora no necesita, doblar la rodilla y venderse al poderoso, ni al político ni al jefe capitalista de turno. César es un genio, no necesita de ellos; pero también es una buena persona. Por eso estas memorias son una ocasión como ninguna otra de ver nuestra sociedad española desde una perspectiva independiente y única. Con la seguridad y conocimiento que da ser un gran historiador y divulgador nos presenta a la España reciente, de hoy mismo, con una certeza y precisión digna de cirujano; y no se anda por las ramas, las frases son cortantes, rotundas, desnudas como la piedra pómez:

La mayor influencia educativa en aquella España del general Franco no fue la del fascismo, verdadero socialismo de camisa azul, la de la Falange o la del monarquismo carlista, sino la de la iglesia católica.”

No se hace buenos amigos el bueno de César entre las clases pudientes y poderosas, pero eso siempre le ha traído sin cuidado. Y eso es un privilegio para nosotros, lectores, que debemos aprovechar y disfrutar. Entretenimiento con educación asegurada. Fíjense en el dato:

cuando en los años cuarenta el presidente [norteamericano] Truman impuso como única condición para que España se beneficiara del Plan Marshall el que se concediera una libertad religiosa limitada a los protestantes españoles, los obispos se opusieron y lograron imponer sus deseos al gobierno de Franco.

Ha notado César Vidal esa cualidad tan inherente al español de todo lugar y condición, esa cualidad odiosa que tanto nos caracteriza y que yo mismo he notado tantas veces:

en buena parte de los seres humanos debe de existir un elemento difícil de definir e identificar que raya con la idolatría -si es que no entra directamente en ella- y que impulsa a venerar al que se considera, con razón o sin ella, superior y a convertir ese sentimiento en besos en la mano, invitaciones a comer, obediencia ciega o sustanciosos donativos.

César esos comportamientos los califica de “fanatismo o servilismo”. Ciertamente. Y supongo que es propio sobre todo de pueblos que no han conocido apenas la libertad individual y que han estado siempre, históricamente hablando, viendo depender su plato de lentejas de las manos de elementos poderosos como han sido la iglesia católica, la aristocracia, la monarquía absoluta y ahora la corrupta clase política. Es aterrador el ejemplo que da César vidal cuando menciona al miembro de la secta de los Testigo de Jehová, recién fallecido el general Franco, que daba muestras de honda preocupación ante lo que podía venir, que sin duda sería peor que lo ya conocido y que era preferible seguir como estaban; sentir aquel que se producía a pesar de que miles de sus compañeros testigos de Jehová llevaban años en la cárcel por observar sus mismas creencias. Por tanto este hombre era uno de los que más motivos debería de tener para esperar con gozo el fin del régimen. Da que pensar la calidad de personas que somos los españoles.

El libro de César Vidal se puede leer como un ensayo sociológico sobre los españoles, con la ventaja de estar contado a pie de calle y, más aún, a través de los ojos de un disidente, de alquien totalmente independiente de grupos de presión políticos, sociales, e incluso religiosos. La adhesión de César Vidal es exclusivamente de él con Dios, su Dios cristiano, y no a través de ninguna iglesia, sino directamente. A diferencia, como bien dice, de los españoles que

no están acostumbrados a que se les hable de una salvación que deriva de una relación personal y sin intermediarios con Dios. Por el contrario [para ellos] la salvación procede … de la pertenencia a la iglesia católica y del sometimiento a sus doctrinas y mandatos”.

De nuevo esa palabra, sometimiento. Los españoles queremos someternos; tenemos costumbre, o incluso, necesitamos someternos a un padre tutelar que nos asegure un buen pasar por la vida, sea este padre la iglesia y sus portavoces, o el partido político de turno, o los del puño en alto; pero desde luego no estamos por la ideología capitalista de buscarnos la vida por nosotros mismos, ni de mind your own business. No, nosotros queremos que otros mind our own business. Los lemas de liberty or deathdon't tread on meno taxation without representationfreedom isn't free othere are no free meals... son como lemas de otro planeta para nuestras entendederas hispanas.

Una de las conclusiones más interesantes y relevantes que he sacado del libro es la que apunta el autor mismo explicando el misterio de que haya tantos españoles, seguramente la gran mayoría, que aún ejerce de católico sin ya serlo; es decir, que tras el hartazgo de los españoles con la Iglesia Católica en los años conocidos como del destape, a la muerte de Franco, ellos siguieran, hasta la fecha, actuando en sus  vidas de acuerdo con la docrtina que les había inculcado la odiada Iglesia Católica (única verdadera, según dicen). César lo expresa muy sucinta y bellamente: los españoles ya no estaban en la Iglesia Católica, pero la Iglesia Católica seguía estando en ellos. El que conozca un poco de la historia de la España moderna y del extremo de influencia que la Iglesia Católica llegó a ejercer en mentalidades y costumbres, comprenderá que los españoles de hoy (2013) se identifiquen más con el partido que representa mejor esa mentalidad inculcada durante generaciones, es decir, con el Partido Socialista, que con cualquier otro partido o ideología de derechas. De hecho incluso los católicos que siguen siéndolo en conciencia votan a las izquierdas: "para millones de españoles católicos es un pecado no defender un Estado asistencialista, copia de la sopa boba de la Santa Madre Iglesia, que ampliar los supuestos del aborto". Corresponde a "una mentalidad nacional conformada durante siglos de monopolio espiritual de la iglesia católica". Tanto tiempo, digo yo, dependiendo del favor del párroco del lugar para un enchufe con el cacique local; tanto tiempo lamiendo el trasero de unos y de otros y dándoles gracias por darnos de comer y dejarnos vivir, que ha tenido sin duda que dejar huella, mucha huella. Por eso hoy, ante la ausencia de nuestro mediador -no con Dios, sino- con el poder de turno, se sienten los paniaguados españolitos, de Barcelona, de Coruña y de Cádiz, necesitados de pedir seguridad, un enchufillo, protección, la simpatía de alguien con poder. Qué nula dignidad! a qué nivel de degradación moral hemos llegado! Hoy, año 2013, que ya no hay la excusa del hambre como había antes, para lamer el culillo de nadie, con sotana o con carnet de partido, que sigamos en la misma actitud depravada... ¿Con qué falsa excusa? con la de ayudar a los pobres. Pero es una excusa falsa para los católicos en conciencia y para los católicos de actitud, puesto que ya lo dijo Cristo, es decir, Dios:

"Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros; y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis" (Marcos 14:7)

Quien quiera ayudar a los pobres puede hacerlo cuando quiera; nadie se lo impide. Pero es ser hipócrita querer que sea el Estado o los ricos quienes lo hagan por ellos. Eso se llama filisteísmo. La Iglesia Católica nunca practicó el Evangelio; solo practicó la política, y la política de izquierdas exclusivamente. A los españoles, ésta es la verdad, no les importa ayudar a los pobres, solo les importa su propio bien. Como antes eran hipócritas en lo religioso, ahora son hipócritas en lo material; como antes adoraban imágenes de santos y se confesaban con el cura; ahora adoran banderas y eslogans y se confiesan ofreciendo el trasero al jefe de turno. Ni Cristo antes, ni democracia ahora. Antes intolerancia religiosa; hoy intolerancia política; pero siempre la intolerancia del español incapaz de ser independiente o de querer ser libre. Y el vaticinio que hace el autor de este libro para dentro de cincuenta años no puede extrañar a nadie dado el historial que llevamos: "resultará un ejercicio curioso el contemplar en cuántas naciones seguirá existiendo entonces la democracia y cuántas de ellas tendrán raíces católicas."

Y para quienes conocen la trayectoria y personalidad del autor tan solo decirles que, sí, estense tranquilos, que aquí se desvelará por fin, en boca del propio protagonista, el motivo o motivos del abandono insesperado de Esradio. Yo también me llevé a sorpresa cuando leí las razones, y una vez meditadas, siento que la salida de ese modo de César Vidal está plenamente justificada; es más, no podría esperar menos de él ahora que lo conozco incluso mejor. Este será un capítulo jugoso sin duda para el lector, y no quiero adelantar lo más mínimo. Tan solo decir que no se muerde la lengua el autor.

En fin, no hay mejor libro para vernos nosotros mismos. La sociedad española de hoy vista por uno de sus miembros más destacados y, a la vez, de un disidente.

"Es cierto que el Romano es libre de hacer todo lo que quiera. Pero también lo es que tiene que soportar las consecuencias de sus actos. No importa que se haya equivocado, que le hayan engañado o incluso forzado: un hombre no se deja forzar: etiamsi coactus, attamen voluit. Es libre; pero si distraído, imprudente o atontado, prometió pagar una determinada cantidad y no puede pagarla, se convierte en esclavo de su acreedor."

Rudolph von Ihering

“Slavery, protection, and monopoly find defenders, not only in those who profit by them, but in those who suffer by them.”

Frédéric Bastiat

On the true nature of the Castro Revolution in Cuba: "The revolution was a cover for committing atrocities without the slightest vestige of guilt ... we were young and irresponsible. We were pirates. We formed our own caste ... we belonged to and believed in nothing -no religion, no flag, no morality or principle. It's fortunate we didn't win, because if we had, we would have drowned the continent in barbarism."

Jorge Masetti -In the Pirate's Den

La anarquía, es decir, la ausencia de fuerza estatal, no es una forma de Estado, y cualquiera que acabe con ella por el medio que sea, el usurpador nacional o el conquistador extranjero, rinde un servicio a la sociedad. Es un salvador, un bienhechor, porque la forma más insoportable de Estado es la ausencia de Estado.


Rudolph von Ihering

"El envidioso está afligido no solo por sus males propios, sino por los bienes de los demás."  -Hipias

[la norma de conducta de los progres] "No hacer nada que alguien pueda envidiarme." -Hipasos

NINOTCHKA,

O EL DISCRETO DESENCANTO CON EL SOCIALISMO 

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Seguimos a la espera de la reedición de este importante libro del gran escritor español José Pla

Historia de la Segunda República.

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También a la espera de este importante libro del genial Rafael Abella.

Finales de enero, 1939, Barcelona cambia de piel

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