Santiago Abascal

No me rindo: sin miedo contra ETA y frente a la cobardía política

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Dios mío, qué habría sido de los que nos jugamos la vida durante los años de plomo del PP con este hombre al frente del partido. Porque si hoy llovía mucho, ayer llovía más.

Me encantaron estas primeras páginas. De forma breve Santiago nos presenta su trayectoria política hasta el momento de abandonar el Partido Popular el año pasado. La exclamación de arriba (en referencia a Mariano Rajoy) cierra este capítulo y no hace falta saber mucho sobre la historia reciente de España para entender esas lineas. Concisión, desenvoltura y amenidad. Esto promete. Me identifico con la frase, dicha como sin querer la cosa, de que viendo a la gente que se le oponía en su pueblo con tanta virulencia y odio, él se convencía más de que lo estaba haciendo bien. Ese es también mi modo de ver la vida. Creo que hay en la Biblia una expresión que viene a decir lo mismo, pero ahora no me acuerdo cual es.

 

Se adentra el autor de lleno en su niñez y juventud, la constante vida baja la amenaza de ETA, las muertes de conocidos, de vecinos, eran los años de plomo. ETA es sin duda una mafia que ha aterrorizado a todo un pueblo, sometiéndolos a su poder, social y políticamente.

Un dato muy interesante que apunta Santiago Abascal es lo que los sicólogos definen como
síndrome de sobre-adaptación. Son jóvenes que al verse rodeados de un ambiente tan políticamente infiltrado por la ideología de estos mafiosos y psicópatas, no encuentran otro recurso de supervivencia que ser más radical que los mismos radicales: sobre-adaptarse, hacerse perdonar su origen foráneo, quizás un familiar miembro de algún partido político indebido, es decir, no nazionlista. Es un tema para debate psicológico y hasta espiritual. Exactamente lo mismo es lo que hacen con los pobres chicos negros en Estados Unidos, hijos del welfare State norteamericano, que residen en los barrios peligrosos de tantas ciudades de allá. Los miembros de su propia raza les empujan a ello, a cada nueva generación de chiquillos: adaptarse o morir. Estos malnacidos vascos hacen lo mismo con sus conciudadanos, les empujan hacia la barbarie, el odio, el fanatismo, el asesinato puro y duro, para así pertenecer al clan, el peer pressure llevado al extremo de elegir vida o muerte. Solo que en el caso vasco, la excusa que arguyen para ello es política, es meditada, premeditada, razonada... una aberración. ¡Qué horrible es el nazionalismo! Uno hubiera pensado que las experiencias nazis y fascistas del siglo XX serían suficiente para abrirnos los ojos, pero no.

Este es el capítulo (2) para entrar en materia. No es esta una disertación sobre filosofías políticas, con ideas abstractas y ambiciones políticas. No. Esto es la vida en la calle, crecer estudiando
Supervivencia 101 en Vasconia.

 

Capítulo 3. En la línea del capítulo anterior recuenta la juventud del autor en Amurrio, su vida familiar, la de sus padres y abuelos, el día a día bajo la constante ameneza de muerte... y sin embargo esta familia no tiene miedo, y si lo tiene lo oculta magníficamente. Ni se fueron los mayores del País Vasco, ni se fueron los hijos. Una familia valiente, que hereda generación tras generación el valor necesario para no rendirse ante la violencia y la amenaza de la jauría, de la secta nazionalista. ¿Qué hay en medio, entre víctimas y opresores? Una mayoría inmensa de gente cagada de miedo. El País Vasco es un pueblo, en general, muy cobarde, lleno de gente muy servil y miedosa, que tiene miedo hasta de mostrar miedo, que mira para el otro lado mientras matan, literalmente, a su vecino, mientras le queman el negocio, etc, etc. Y como si nada pasara. Ande yo caliente... La imagen del vasco fuerte y echao p'alante necesita ser revisada con urgencia. El solo hecho de que 300 mil vascos se habían marchado hacia otras partes de España hacia mitad de la década de los 90 es muy significativo, y solo a contar desde que comenzó la democracia.

Contemplo el ejemplo de humanidad y valentía de esta familia, y las demás familias que -en minoría- se niegan a acatar la dictadura nazionalista, y luego miro a los miembros de la secta, de la jauría de canallas malnacidos nazionalistas y a sus cómplices en el silencio, y me pregunto cómo es posible tal diferencia en términos de calidad humana entre unos y otros. ¿Qué hace a unos de una manera y a otros de otra? Y, sobre todo, ¿por qué no hay más gente en el País Vasco, pero por extensión en el resto de España, como la familia de Abascal? ¿Por qué abunda la vileza más que la integridad o el valor?

Último pensamiento. De pasada comenta Santiago Abascal que muchos de los que más gritaban a la puerta de su casa para que se fueran de su tierra eran ellos mismos foráneos hasta hace dos días.
Los que acababan de llegar querían echar a los que llevaban en su tierra durante generaciones. De nuevo este contraste ilógico. Es como el mundo al revés. Uno ya duda de que el ser humano sea realmente un ser racional.

Capítulo 4. Capítulo que aglutina los años terribles de atentados que vivieron los ciudadanos no nacionalistas durante estos años 80 y 90. Atentados en los que morían en sucesión, como gorriones con carabina, unos en pueblos del País Vasco y otros repartidos por toda la geografía española: parece una secuencia sangrienta de El Padrino, solo que en El Padrino quienes mataban lo hacían por dinero y lealtad. Estos malnacidos lo hacen porque están llenos de odio, simplemente, son unas malas bestias, indignas de llamarse humanas, son mercenarios de Satanás.

Increíble la resistencia numantina de las familias cuyos nombres estaban, día tras día, en la diana de los asesinos.

 

Capítulo 5. Me atrae la atención la espectacular fuga de cerebros del País Vasco hacia el resto de España. El autor narra su etapa universitaria y juvenil. Da testimonio de cómo, uno tras otro, los profesores que no se congraciaban con la ideología totalitaria nazionalista se iban marchando de la región vasca. Da cuenta de los alborotos, amenazas, destrozos, etc, que creaban los malnacidos nazionalistas en la universidad para atemorizar y tener controlado a todo el mundo, la cuadrilla de la porra, desde la administración a los estudiantes.

Y dos citas que me hacen hervir la sangre: (1)
profesores como Santiago Cornago, quien ante sus alumnos de Estadística reconocía que el día más feliz de su vida fue el del asesinato de Gregorio Ordóñez. Y (2) un consejero portavoz del gobierno nazionalista que aconsejaba a un amenazado por ETA que la mejor protección es mantener el pico cerrado. Linda recomendación de alguien titulado portavoz.

 

Capítulo 6. Me viene cada vez más clara a la cabeza la certeza de que ETA funcionaba, y funciona, como una verdadera secta. Tiene una religión de odio, unos dogmas fanáticos, y sobre todo un gran empeño proselitista. Sus adeptos los captan de las capas más vulnerables de la sociedad. Fáciles de indoctrinar, ansiosos de pertenecer a algo, de ser útiles y queridos, en edades moldeables y carentes de valores morales. A este tipo de miembro de la secta etarra lo denomina el autor pusilánime cargado de complejos, y pone un ejemplo: el joven aquel que dijo que solo visitaría el pueblo de sus padres en Extremadura cuando entrara en vigor el pasaporte vasco (...) suspiraban con libertar a su pueblo y no eran capaces ni de hacerse su propia cama (...) nosotros, al contrario que ellos, la auto-determinación en la que creíamos no era la de la fantasmagórica Euskal Herría, sino la del individuo.

El mal se alimenta de gente que, fundamentalmente, piensa que el mundo le debe, que ellos no son responsables de su mala suerte, de sus vidas. Es necesario decirles a todos ellos fuerte y claro: Búscate la vida; nadie te debe nada. Definitivamente es gente
pusilánime.

Por cierto, muy curiosa la cita en la que alguien le hace una entrevista al obispo Setién -el cura satánico filo-etarra que no dejaba poner la bandera española sobre los féretros de los guardia civiles muertos- y en la cual el entrevistador no puede pasar de la primera pregunta, la cual es: ¿cree usted en Dios? Parece que no obtuvo respuesta ni a esa pregunta, lo cual no es de extrañar dada la catadura del personaje.

 

Capítulo 7. Los nazionalistas vascos se inventaron una bandera para identificar a la supuesta nación vasca; ni la nación ni la bandera habían existido nunca antes salvo en la podrida imaginación de esas bestias totalitarias. Como bien dice Abascal, es el primer lugar del mundo cuya bandera e himno son los mismos que el de un partido político que le preexistía. La ikurriña no es, por tanto, la bandera de ningún pueblo y menos nación: es la bandera de una secta de iluminados intolerantes. Y la gente que la agita, además de cobardes, son ignorantes. Pero compruébenlo, vean la foto de la toma de posesión como concejal en el Ayuntamiento de Llodio (2003). Vale más una imagen que mil palabras.

 

Capítulo 8. Se refiere el autor a María San Gil, de la consideración con la que era tenida por la dirección nacional del PP al principio y al final, en la época de diálogo con los nacionalismos tan del gusto de Rajoy. De este capítulo extraigo dos frases. Una, Es lo que piensa la gente, sí; pero no el partido. Esta era la justificación que le daban a Abascal para no publicar una encuesta que habían hecho y que apoyaba sus argumentos. Abascal le había dicho como argumento a favor de publicarla que aquello era lo que pensaba la gente. Pero, como bien dice, el único interés que primaba en este Estado de las Autonomías que nos dieron es el del Estado de Bienestar de una casta, la política, no la del Pueblo.

La otra frase es una descripción del Estado de las Autonomías español,
la macrofiesta autonómica de los políticos. La precisión y el talento del autor para describir conceptos y eventos me asombra cada vez más gratamente.

 

Capítulo 9. Capítulo dedicado a la figura de Mayor Oreja, el que fuera líder del PP vasco y ministro de Exteriores con Aznar, luego relegado al ostracismo con la nueva política de rendición ante ETA de Rajoy.

 

Capítulo 10. La vida interna del Partído Popular en el País Vasco; su viraje hacia la izquierda; el dar la espalda a la justicia y a las víctimas del terrorismo mientras se mejoran las relaciones con los partidos nazionalistas y ETA. Es la marca Rajoy que en los últimos años ha provocado la ruptura dentro de su partido y la marcha de las pocas personas de integridad que tenía. Estandarte de todas ellas, María San Gil.

Todo esto lleva a meditar sobre el caudillismo que impera en la política española, la falta de democracia interna de los partidos y la consolidación de los tres poderes en uno solo, el ejecutivo. Sistema que se mantiene dada la alternancia y reparto de componendas y privilegios entre los dos mayores partidos, con la necesaria aquiescencia, eso sí, de los grandes medios de comunicación nacionales. Ellos juntos tienen montado el chiringuito nacional: Un oligopolio de los medios y de la política que tiene sumido al pueblo en la ignorancia, cual antaño lo hacía la iglesia católica. Lo malo es que quedan fuera de este “menage” los pequeños partidos, los radicales (por ahora de izquierda) que no tienen nada que perder y que, como se ha demostrado en las recientes elecciones europeas no pueden sino ganar votos a costa del votante cabreado, cabreado y acostumbrado al paro, a pedir sin trabajar, a reclamar y a apuntar el dedo envidioso a quien tiene más que él, independientemente de si lo ha logrado por su propio esfuerzo y mérito personal. El pueblo español lleva indoctrinado demasiado tiempo con el “quiero” y “dame” y “tengo derecho”, que, dejado de la mano de Papá Estado no sabría ni encontrar el camino de los Pirineos para salir de casa (los que sí saben ya lo han hecho).

 

Capítulo 11. Me encanta la definición que hace de la extrema izquierda: la izquierda divina, cuya patria es la humanidad y cuyo reino no es de este mundo, que ve en España un error de la Historia. Es afortunada la definición, si uno lo piensa: divina, porque la izquierda es en gran parte una teología sin dios, donde el papel de dios lo ejerce siempre algún líder de carne y hueso, el que sabe mejor que nadie qué es lo mejor para cada uno de los demás mortales. Claro que este diosecillo de la izquierda, lleno de buenas intenciones sociales, que nos quiere dar de comer y vestir y dirigir nuestras vidas de la cuna a la tumba, a cambio, nos quita la libertad. El dios/líder de la izquierda quiere devolvernos al Paraíso y poner el candado para que nadie pueda salir ni portarse mal. La humanidad como patria, obviamente, porque la humanidad no es nadie en concreto y, por tanto, no le debe responsabilidades a nadie: el dinero público no es de nadie, como dijo una ministra socialista. Lo de ver errores en la Historia es tan típico, e irracional, en la izquierda. ¡Qué aberración intelectual, síntoma claro de que la izquierda está apoyada en un enfermedad mental! ¿qué sentido tiene querer cambiar el pasado? Ya sé que la respuesta está en dominar las voluntades de la gente y que esto ya lo trató Orwell en su 1984, pero en términos profanos, al ciudadano medio que tiende a creer la teología izquierdista y a votarla debería hacerle, al menos, pensar. ¿A qué viene ahora desenterrar cadáveres de la guerra civil, supuestamente todos de un bando -que resultan que estaban mezclados luego? ¿Y pedir el certificado de defunción de Franco, a ver si está muerto o huído de la justicia garzonil? ¿Y volver a los ciudadanos de hoy día -que no nacieron siquiera en tiempos de Franco- unos contra otros, como si hubieran estado en frentes opuestos durante la Guerra Civil? Todo esto es sintomático de una enfermedad mental de la izquierda. Sin borrar la historia de España -y sin reescribirla- la izquierda se queda sin argumentos para convencer al ciudadano de que le ayude a escribir su futuro. Por tanto la izquierda demuestra que engaña, a sabiendas, a su electorado.

La definición de la derecha ultra tampoco está desacertada:
donde uno es un partido, dos una escisión, y tres una internacional (…) que expide y retira certificados de españolidad. Cierto, pero para que haya una masa tan enorme de susceptibles borregos votantes de la izquierda tiene que haber, necesariamente, un porcentaje similar de “hermanos” del otro bando: la misma enfermedad, solo que con distintos síntomas.

Cierra Abascal su libro describiendo su marcha del PP vasco y su entrada en la nueva formación VOX. Es el cierre de un gran libro que muestra la integridad de un hombre, fiel a su familia y a dos ideales que les han servido de guía durante toda su vida: la libertad y España, tanto monta, monta tanto. Una última reflexión: quizá el lector se encuentre preguntando al final del libro si la terca resistencia a todo el peligro sufrido, todo el acoso, todas las amenazas, han valido la pena; pero en la pregunta está la trampa. Uno ya no debería de tener que ponerse en ese dilema. Tal pregunta cede ventaja al enemigo, al que nos cohorta las libertades, al que debemos pleitesía con tal que nos deje vivir. Santiago Abascal mantuvo la actitud heredada de sus padres, estos a su vez heredada de los suyos; una vez tomada la misma postura, nada más natural, y de hombre de bien, que resistir. Y estoy convencido de que no ha sido en balde. Su ejemplo -porque este sí es un ejemplo- cunde y ha cundido entre sus vecinos más próximos y entre los lectores más lejanos geográficamente. Uno, al final de sus días, deberá rendir cuentas, no ante la direción de un partido ni ante una nación, sino ante Dios o ante el diablo, pero que la integridad no tiene término medio, eso es seguro.


"Es cierto que el Romano es libre de hacer todo lo que quiera. Pero también lo es que tiene que soportar las consecuencias de sus actos. No importa que se haya equivocado, que le hayan engañado o incluso forzado: un hombre no se deja forzar: etiamsi coactus, attamen voluit. Es libre; pero si distraído, imprudente o atontado, prometió pagar una determinada cantidad y no puede pagarla, se convierte en esclavo de su acreedor."

Rudolph von Ihering

“Slavery, protection, and monopoly find defenders, not only in those who profit by them, but in those who suffer by them.”

Frédéric Bastiat

On the true nature of the Castro Revolution in Cuba: "The revolution was a cover for committing atrocities without the slightest vestige of guilt ... we were young and irresponsible. We were pirates. We formed our own caste ... we belonged to and believed in nothing -no religion, no flag, no morality or principle. It's fortunate we didn't win, because if we had, we would have drowned the continent in barbarism."

Jorge Masetti -In the Pirate's Den

La anarquía, es decir, la ausencia de fuerza estatal, no es una forma de Estado, y cualquiera que acabe con ella por el medio que sea, el usurpador nacional o el conquistador extranjero, rinde un servicio a la sociedad. Es un salvador, un bienhechor, porque la forma más insoportable de Estado es la ausencia de Estado.


Rudolph von Ihering

"El envidioso está afligido no solo por sus males propios, sino por los bienes de los demás."  -Hipias

[la norma de conducta de los progres] "No hacer nada que alguien pueda envidiarme." -Hipasos

NINOTCHKA,

O EL DISCRETO DESENCANTO CON EL SOCIALISMO 

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Seguimos a la espera de la reedición de este importante libro del gran escritor español José Pla

Historia de la Segunda República.

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También a la espera de este importante libro del genial Rafael Abella.

Finales de enero, 1939, Barcelona cambia de piel

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