Miguel Delibes

El hereje

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Hereje: Dícese del español que se atreve a pensar por sí mismo y llega a conclusiones distintas de las políticamente establecidas por la oligarquía de cada momento.

 

Esta es una auténtica obra de literatura moderna española, con el estilo propio del autor castellano, su abundante uso de términos ahora olvidados referentes a la tierra castellana, a la naturaleza y las labores del campo. Puede parecer que abundan en demasía y que no ayudan a una completa comprensión del relato; por otra parte, sin ellos, faltaría ese sabor de autenticidad que sumerge al lector en esa época tan -lamentablemente- real de nuestra historia. Y aunque una gran obra, yo no la calificaría de obra maestra, dado que bien podría haber sido “podada” de muchas páginas: lo bueno, si breve, dos veces bueno.

 

 La historia, el argumento, es sencillo. Quizás demasiado sencillo de entender. Por tanto, el autor lo viste y adorna con información suplementaria que sirve de luz sobre aquella época en Castilla, en el siglo XVI, con la llegada de la Reforma Luterana a Europa y de la Contra-Reforma en España. El paisaje castellano y el social de las clases rural y urbanas, la aristocracia, los campesinos y, lo más interesante, la semilla de una nueva clase social representada por Cipriano, protagonista: la incipiente burguesía, ocupan la mayoría de las páginas. Evidentemente, no digo que no sea necesario completar el sencillo argumento con la información que nos da Delibes siguiendo el hilo vital del protagonista, otra cosa es que necesite tantas páginas para hacerlo.

 

El momento histórico y el retrato de la sociedad castellana, dominada en cuanto al ámbito espiritual y de las ideas de forma aboluta por la jerarquía católica, cual si fuera un régimen estalinista,con su particular Comintern o Inquisición, son de una relavancia a día de hoy que no se pueden pasar por alto. Este paisaje social, la brutal mentalidad inculcada en las gentes generación tras generación, la falta de cultura, de ciencia y de educación, el apartamiento de la modernidad impuesto por la iglesia católica a la inmensa mayoría de españoles es en lo que hay que meditar. Aterra leer las referencias de pasada que hace Delibes al odio de las masas hacia los encadenados “herejes” de camino hacia Valladolid para ser víctimas de un auto de fé. Como perror rabiosos la gente brutalizada arroja piedras además de improperios a las víctimas de la intolerancia católica. Incapaces de desahogar su rabia por la vida de animales domésticos que llevan se desahogan contra otras víctimas, como ellos, del régimen liberticida que les controla. Y da pavor pensar que la gente española no ha cambiado, pues siglos de opresión, de someter a la ignorancia, de privar de la capacidad de soñar o de pensar es demasiado para compensar los apenas 30 años de democracia que llevamos en toda la historia de España. Uno contempla a las masas campesinas descritas por Delibes y ve sucederse por la mente el recuerdo de imágenes actuales de manifestaciones violentas, de banderas rojas con hoces y martillos, de gritos que piden más poder para el Estado, más impuestos, más control por parte de los políticos sobre nuestras vidas... más Inquisición parecen pedir. Y uno se da cuenta de que es, otra vez, la historia de siempre del español brutalizado que grita “¡a las caenas!”, del desprecio a la libertad, la verdadera libertad, que es la libertad con responsabilidad. El odio a la libertad individual ha sido inculcado con tanto ahínco a través de tanto tiempo que uno duda que el término -ya no civilizado- humano se pueda aplicar, en rigor, al ser que habita al sur de los Pirineos.

 

 El libro es más que una denuncia de la intolerancia religiosa. Esto es la obviedad, es solo el eje sobre el que gravita el relato. Pero el libro es más, es una denuncia global del crimen que la iglesia católica ha perpetrado sobre generaciones de españoles inculcándoles odio e intolerancia hacia el que disiente, hacia el que va por libre, el que se aparta del pensamiento único de turno, haciendo así a la sociedad entera cómplices y víctimas a la vez de un régimen inquisitorial y adoctrinador (véase como ejemplo reciente la asginatura Educación para la Ciudadanía, ajena a valores cívicos y repleta de doctrina socialista).

 

¿Qué ciencia o qué valores van a poder florecer en un país que no conoce ni el amor a la libertad ni el amor a sí mismo, un país cainita que se rompe por regiones con excusas lingüísticas, cuando el nivel educativo está entre los más pobres -no de Europa- del mundo desearrollado, o cuando los españoles más valiosos siguen emigrando o huyendo al exilio? El país no ha cambiado, la oligarquía corrupta se divierte mientras mantienen a las masas, ahora urbanas, enfrentadas unas a otras con argumentos baladíes como los nacionalismos o la orientación política, que no son más que excusas que nos distraen del verdadero problema: nuestra propia mentalidad. Como la pescadilla que se muerde la cola: pedimos demagogia, demagogia es lo que nos dan.


"Es cierto que el Romano es libre de hacer todo lo que quiera. Pero también lo es que tiene que soportar las consecuencias de sus actos. No importa que se haya equivocado, que le hayan engañado o incluso forzado: un hombre no se deja forzar: etiamsi coactus, attamen voluit. Es libre; pero si distraído, imprudente o atontado, prometió pagar una determinada cantidad y no puede pagarla, se convierte en esclavo de su acreedor."

Rudolph von Ihering

“Slavery, protection, and monopoly find defenders, not only in those who profit by them, but in those who suffer by them.”

Frédéric Bastiat

On the true nature of the Castro Revolution in Cuba: "The revolution was a cover for committing atrocities without the slightest vestige of guilt ... we were young and irresponsible. We were pirates. We formed our own caste ... we belonged to and believed in nothing -no religion, no flag, no morality or principle. It's fortunate we didn't win, because if we had, we would have drowned the continent in barbarism."

Jorge Masetti -In the Pirate's Den

La anarquía, es decir, la ausencia de fuerza estatal, no es una forma de Estado, y cualquiera que acabe con ella por el medio que sea, el usurpador nacional o el conquistador extranjero, rinde un servicio a la sociedad. Es un salvador, un bienhechor, porque la forma más insoportable de Estado es la ausencia de Estado.


Rudolph von Ihering

"El envidioso está afligido no solo por sus males propios, sino por los bienes de los demás."  -Hipias

[la norma de conducta de los progres] "No hacer nada que alguien pueda envidiarme." -Hipasos

NINOTCHKA,

O EL DISCRETO DESENCANTO CON EL SOCIALISMO 

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Seguimos a la espera de la reedición de este importante libro del gran escritor español José Pla

Historia de la Segunda República.

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También a la espera de este importante libro del genial Rafael Abella.

Finales de enero, 1939, Barcelona cambia de piel

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